Autorretrato
Esa chica, que creían chico antes
de nacer, es quien siente todo aquello que no alcanzo a sentir yo. Que la
llamaran Celia en un hospital madrileño, y que creciese sin ver más que en fin
de semana a su padre; de mí ya tengo el espejo para verme, además de dos ojos y
una memoria, para qué negarlo, un poco de pez.
Hasta en eso nos parecemos, en el
despiste y la adicción al café de cada mañana antes de aventurarse en la jungla
de asfalto de la capital española. Madrid envuelve a Celia cada mañana antes de
salir de casa carpeta en mano, y yo la sigo de cerca periódico en mano. Ella
tiene miedo a perder muchas cosas, yo ya no temo al fracaso. A veces, Celia se
mira al espejo intentando encontrar respuesta a por qué esos ojos, esa vida,
esa timidez. Intento dársela cada mañana que la sigo en el Metro pero no
consigue escucharme, los trenes inundan la estación de ruido.
Ella no está a gusto con su
propio cuerpo, yo me noto estupenda mientras nos veo; tengo seguridad en que
alcanzaré la cima del éxito, pero Celia a veces ve eso muy lejos y no se cree
que tiene un potencial para explotar a pocos años vista. A nosotras nos gusta
leer mucho, de todo tipo de libros y noticias excepto de cotilleos, ahí las dos
ponemos la misma mueca con una ceja ligeramente levantada.
Celia y yo somos un 28 de abril
de 1995, somos un biberón, un chupete o un microondas que llenábamos de
naranjas mientras la abuela cocinaba… Y ni ella, nuestra abuela, lo recuerda.
Somos mil y un mensajes enviados de madrugada a viejos amores que ya son eso,
viejos. Un viaje de fin de curso, una graduación fallida, una copa de ron, la
entrada en la vida universitaria, una primera vez, un primer artículo publicado
o una nueva amistad con quienes pensábamos que jamás aparecerían en nuestra
vida. Somos futuras periodistas, chicas sin moto que buscan rellenar una hoja
entera con el corazón y no con la razón.
Somos ella y yo, el yo que a
veces Celia quiere ser, y la Celia que soy.
Y a veces, a pesar de ello, me
confundo y, como dice Borges, no sé quién de las dos escribe esta página.
Celia G.
Nota: Este texto fue escrito para una práctica de Literatura y leída en clase. Mis mejillas se pusieron como tomates, pero salió bien, mejor de lo que me esperaba. Un trocito de mí se encuentra en estas líneas, disfrutadlo.






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